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Archive for 23 abril 2011

Aptitudes y formas del personal directivo

Dirigir personas es cuestión de fondo y de forma. Son precisamente las formas del personal directivo, sus habilidades sociales y todo aquello, que contribuya a unas relaciones personales más estrechas y afectivas las que debemos apreciar y tener en cuenta cuando estamos pensando que persona debemos asignar a un determinado proyecto. Especialmente, cuando este es clave para la consecución de los objetivos de nuestra organización. Algunas de las aptitudes que debemos tener en cuenta son las siguientes: liderazgo, trabajo en equipo, dirección de reuniones, delegación, motivación, comunicación, resolución de conflictos y negociación, evaluación y desarrollo de personas, y gestión del cambio (Urcola, Juan L., 2003).

He aquí algunas de las reflexiones que Ike (D.D. Eisenhower) realizaba durante la planificación de la invasión del Norte de África en 1942, más conocida como el Plan Torch (Operación Antorcha). En ellas deja patente la importancia que tenía la selección de oficiales norteamericanos e ingleses para confiarles los puestos fundamentales del mando y de las organizaciones de Estado Mayor, requeridas para esta invasión.

“El individuo actúa ahora de modo distinto; realmente, una de las características más importantes del oficial afortunado en nuestros días es su aptitud para seguir variando de métodos, y hasta de procesos mentales, para estar a la altura del cambio constante que la ciencia moderna, obligada por la apremiante necesidad de supervivencia nacional, aporta al campo de batalla. Pero los caracteres personales son más importantes que nunca en la guerra, por razones muy sencillas. ..  Idealmente, el todo debería ser un solo cerebro; en consecuencia, cualquier desajuste frustra el objetivo de la organización del mando, esencial para el abasto y manejo de fuerzas numerosas de tierra, mar y aire, que con las logísticas ha de caer como un solo bloque contra el enemigo. La personalidad de los jefes superiores y de los oficiales de Estado Mayor es de especial importancia. Su aptitud profesional y la entereza de carácter, indispensables siempre en puestos militares de relieve, se ven a menudo dañadas por características  adversas, entre las cuales son las más corrientes y molestas un excesivo afán de notoriedad y el erróneo concepto de que la fuerza de voluntad requiere unos modales arrogantes y hasta insufribles…

Los Estados Mayores desarrollan planes inspirados en decisiones fundamentales de jefes responsables…  El comandante en jefe debe ser, pues, tranquilo, explícito y resuelto, y en todos los mandos  que ejerza, especialmente tratándose de organizaciones aliadas, su éxito se valorará más por su capacidad de dirigir y persuadir que por su devoción a ideas fijas de imposición rutinaria. Esto se aplica con particular fuerza al periodo necesario para crear confianza, una confianza que irradie hacia atrás hasta los Gobiernos nacionales, y llene todo el ámbito del mando. Pero siempre que un incidente o problema requiera del jefe que ejerza y mantenga su autoridad, ha de ser inflexible y diligente en exigir a todos sus subordinados del cumplimiento del deber.

En materia de organización, funcionamiento y composición de mi Estad Mayor, procedíamos como si todos sus miembros perteneciesen a una sola nación… Al principio, los oficiales de los dos países propendían a hacer su trabajo en la actitud de un buldog que tropieza con un gato;  pero al avanzar el tiempo y advertir signos de mutuo respeto y amistad, fue constituyéndose un equipo que por su unidad de propósito, devoción al deber y ausencia de fricciones, no sería posible superar todos sus componentes hubiesen procedido de la misma nación y el mismo Cuerpo.”

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Categorías:Gestión de personas

La comunicación interna: clave en el diseño estratégico

En la definición de nuestro Plan estratégico debemos tener en cuenta todas las opciones posibles. Para ello, es necesario conocer las opiniones de nuestro equipo, especialmente, de aquellos que están más directamente en contacto con el mercado. Su visión de la situación suele estar más acorde con la realidad interna y externa de nuestra empresa.  No obstante, si estamos decididos a llevarlo a cabo, sin tener en consideración sus opiniones, debemos asegurarnos de que estos lo conocen perfectamente y que sus esfuerzos se centran en la consecución de los objetivos propuestos en el mismo. El desconocimiento del Plan puede llevar a que determinados éxitos logrados por algunos de nuestros departamentos, en su afán por lograr resultados positivos para la empresa, no sean entendidos por la alta dirección, provocando desaliento y desmotivación entre nuestros más directos colaboradores. El conocimiento de la situación de debilidad de la competencia en un momento concreto impulsa este tipo de acciones, sobre todo cuando se trata de profesionales dinámicos e innovadores, sabedores de su capacidad de liderazgo dentro de la organización.

Veamos como el “Zorro del Desierto” (Mariscal de Campo Erwin Rommel) critica a sus superiores cuando estos, a su vez, le critican el éxito de su ofensiva, en los primeros meses de 1941 en el teatro de operaciones del Norte de África (Cirenaica – Libia). Se trataba de su primera victoria acontecida nada más poner pie en este escenario bélico. Rommel quiso aprovechar la debilidad de los ingleses, que en esos momentos tenían desperdigadas sus fuerzas a lo largo de toda la región.

“Probablemente nunca se ha intentado en la guerra moderna una ofensiva tan improvisada como la nuestra de Cirenaica.

Nuestro avance provocó algunas críticas posteriores, por lo que a la alta estrategia respecta. Cuando el General Paulus vino a África, manifestó que aquel rápido y apenas planeado ataque a través de Cirenaica había obligado a los ingleses a retirar sus tropas de Grecia, movimiento contrario a las intenciones del Alto Mando.

A esto quisiera responder: Primero, no sabía absolutamente nada de los planes del Estado Mayor sobre Grecia…

Segundo: Estoy convencido de que hubiera sido mejor para nosotros no entrar en Grecia, creando, por el contrario, una concentración de fuerzas en el Norte de África, con el propósito de expulsar a los ingleses del Mediterráneo. Las fuerzas empleadas en Grecia podrían haber protegido los convoyes de África, y debió haberse explotado hasta el máximo cualquier posibilidad de ensanchar nuestro espacio en el Mediterráneo. En vez de tomarse Creta, hubiera sido mejor conquistar Malta. Poderosas fuerzas motorizadas alemanas en el Norte de África se habrían apoderado de toda la línea costera, ocupada por los ingleses, aislando el sudeste de Europa. Grecia, Yugoslavia y Creta no habrían tenido más recurso que rendirse, ya que el apoyo del Imperio Inglés se hubiese hecho imposible para ellas. El precio en bajas de dicho plan -que no solo cumplía nuestros propósitos en el sudeste de Europa, sino que aseguraba la zona del Mediterráneo y la del Próximo Oriente, con sus reservas petrolíferas y sus bases de ataque contra Rusia-. no habría sido mayor que el que tuvimos que satisfacer en Grecia, Yugoslavia, creta y el Norte de África, durante el verano de 1941.”