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La innovación en el ámbito directivo: clave del éxito en nuestras empresas

Probablemente, la frase “para que cambiar, así se ha hecho siempre y no nos ha ido tan mal” u otras parecidas las hayamos escuchado todos alguna vez en el seno de las organizaciones en las que trabajamos. La falta de visión de futuro, de adaptación a los nuevos cambios que se van produciendo a nuestro alrededor, tanto tecnológicos como de la demanda, de aprender de los errores del pasado, de aceptar que hay otra forma de hacer las cosas, que nos permite utilizar nuestros recursos con eficacia y eficiencia, haciéndonos más productivos y competitivos, etc., sean algunos de los principales retos que tenemos en nuestras organizaciones.

La innovación no es solo cuestión de aplicación de tecnología para fabricar nuevos productos, esta visión restrictiva del concepto de innovación ya ha dejado de ser la predominante. Se acepta que la innovación también puede ser de proceso (nuevos métodos de producción o distribución), de marketing (nuevos métodos de comercialización) u organizacional (nuevos métodos de organización aplicados a las prácticas de cada negocio concreto).

Es precisamente en la innovación y, en su forma de concebirla y aplicarla, donde radica el éxito de nuestras empresas. Para ello es necesario tener directivos capaces, formados y con visión. El ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial tenía varios mandos que destacaron por su espíritu innovador y por su capacidad de transmitir esta forma de hacer las cosas a las tropas que mandaban. Esta apuesta por la innovación les ayudó a cosechar importantes éxitos. Aquellos mandos militares que no apostaron por la innovación, solo pudieron cosechar derrotas y el descrédito de sus compatriotas.

En las batallas de la primavera de 1942, durante la toma de Gazala y Tobruk, el Mariscal Erwin Rommel, “El Zorro del desierto”, analiza las estrategias seguidas por su adversario inglés el Teniente General Ritchie. En ellas Rommel nos cuenta:

“Después de la batalla pude leer un artículo, por el crítico militar inglés Liddell Hart, que atribuía los fracasos del mando inglés a la excesiva atención prestada por los generales a la infantería. Mi impresión era muy parecida. El mando inglés no había extraído las debidas enseñanzas a su derrota de 1941-42.

Los perjuicios contra toda innovación son típicos en el elemento militar, que se ha desarrollado dentro de un sistema metódico y ampliamente puesto en práctica. Por ello el ejército prusiano fue derrotado por Napoleón. Dicha actitud quedó patente asimismo durante esta guerra, tanto en los círculos militares alemanes como en los ingleses, donde se perdió toda noción de la realidad a causa del empeño en cernirse a complicadas teorías. La doctrina desarrollada de antemano hasta en sus menores detalles era considerada como la cúspide de todas las enseñanzas en el terreno militar. Solo se admitía, pues, cuanto quedara comprendido en sus estrechas reglas. Lo demás era un juego, y si se triunfaba, debíase únicamente a la suerte. Tal actitud creaba una serie de ideas preconcebidas de consecuencias incalculables.

Incluso los sistemas militares están sujetos a progresos técnicos. Lo que era aceptable en 1914, lo es ahora únicamente cuando la mayor parte de las formaciones empleadas por los bandos contendientes, o al menos por el que es atacado, están constituidas por unidades de infantería no motorizadas. En tal caso los blindados actúan aún como la caballería, al objeto de arrollar y diseminar a los infantes. Pero cuando ambos adversarios disponen de fuerzas plenamente motorizadas, deben aplicarse métodos completamente distintos, como ya he dicho en ocasiones anteriores.

Por admirable que resulte preservar la tradición en lo que a la ética del soldado concierne, debe evitarse en le órbita de los mandos superiores, porque los jefes no sólo deben pensar en el desarrollo de nuevos sistemas que destruyan el valor de los antiguos, sino tener en cuenta que las posibilidades técnicas se ven alteradas a cada instante por los avances de la técnica. En consecuencia, el moderno jefe debe libertarse de métodos rutinarios, demostrar una rápida comprensión de toda novedad y adaptarse a los hechos conformen se produzcan. Si es necesario, ha de saber cambiar toda la estructura de sus ideas cuando las circunstancias lo requieran.

Creo que, al igual que muchos generales de la vieja escuela, Ritchie no había previsto las consecuencias inherentes al desarrollo de operaciones con elementos plenamente motorizados, y a la naturaleza del campo de batalla en el desierto. A pesar de haber sido extensamente preparados, todos sus planes se vendrían abajo, porque en realidad se trataba sólo de soluciones ambiguas.”

Categorías:Innovación
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